En el momento de escribir estas líneas, es domingo por la mañana, temprano. Si no salgo el sábado por la noche, el domingo madrugo y en mi casa, aledaña con el Oviedo Antiguo, extramuros con la muralla enfrente, escucho las voces de la gente que todavía anda por ahí, y de su vuelta a casa. A veces, una pareja discute y a mí me apetece asomarme a la ventana y decirle, “id a dormir; cuando despertéis, todo será más claro”. Pero decido no inmiscuirme. Ya se darán cuenta, él y ella, de que cuando despierten todo será más claro. O no. Pero, al menos, habrán descansado.

Para escribir estas líneas, pongo a Chet Baker, “Every Time We Say Goodbye”, en la versión cantada que aparece en el documental de Bruce Weber sobre los últimos tiempos del genio, Let’s Get Lost. Como siempre, encantador, embaucador, Chet Baker se apoya en una mujer, aquí es Diane Vavra, en el estudio, y Chet empieza a cantar y luego toca la trompeta y esta interpretación es majestuosa. ¿Por qué pongo a Chet Baker? Porque come y cena a diario por aquí cerca. Y también pasea y dormita.

Publicado en La Voz de Asturias. Puedes leer aquí el texto completo.