El Oviedo Antiguo, frente a otros barrios, tiene dos características diferenciales: el ser el centro histórico de la ciudad (con lo que esto tiene de riesgo real de gentrificación) y el ser el lugar donde se concentra fundamentalmente el ocio nocturno, desde luego, el ocio nocturno de la gente más joven, pero no solo de la gente más joven.

Pero, en el día a día, además de los grupos de turistas que frecuentan el Antiguo, en una ciudad en la que, aunque el turismo ha crecido de modo claro en los últimos lustros, no nos vengamos arriba, no es París ni Nueva York ni Sevilla, y además de las muchas personas que vienen las noches de los jueves, de los viernes y de los sábados a tomar copas, en el día a día, digo, el Oviedo Antiguo tiene vida de barrio, se conforman relaciones por razón de la vecindad, nos cruzamos por la calle o a través de los escaparates de los negocios con gente a la que, al menos, saludamos, cuando no nos paramos un ratito a charlar, nuestras criaturas crecen aquí y son conocidas desde chiquitinas, con que sabemos que están protegidas, más allá de la protección que podamos darles en la familia. Sé que mi hija, si olvida las llaves y yo aún no llegué a casa, puede esperarme lo que sea menester en El Boca a Boca, en la calle San José, ese sitio donde suena completo el Unearthed, de Johnny Cash.

Publicado en La Voz de Asturias. Puedes leer aquí el texto completo.