De nuevo en campaña electoral, desde hace un ratito. ¿No les da cierta pereza? A mí, bastante. Quizá no pueda hacerse de otro modo que con banderolas, propaganda en los buzones, mensajes directos en la radio, mítines en los polideportivos.
Porque, aunque parezca haber novedades en el medio para convencernos de que votemos a tal o cual opción política, redes sociales, programas de diverso tipo en los cuales candidatos y candidatas actúan, resulta todo bastante más de lo mismo, consignas repetidas y pretendida cercanía como cuando en un mercado besan criaturas.
No digo yo que la reiteración en los eslóganes no sea eficaz.
Repetir sin descanso “Váyase, señor González” dio sus frutos.
Y no va todo al vacío. Aunque ya tengamos decidido a qué organización vamos a votar y creamos que los mítines son inútiles, si la oratoria supera la media, es un placer en sí misma. Hay que militar o sentir mucha simpatía por el partido, porque si no un mitin es duro, pero, créanme si nadan en el escepticismo, pueden encontrarse en los polideportivos con momentos de buena oratoria en los que recrearse y de los que aprender. También se rescatan, no con frecuencia, pero se rescatan, discursos más que buenos en los parlamentos.
Cada vez me gustan menos los argumentos llenos de tópicos acríticos: ni el aplauso desmedido al líder, aunque entiendo que en campaña haya quien deba hacerlo públicamente, ni el descrédito hacia quienes han decidido saltar al ring político porque sí. Por eso les animo, si es que hace falta hacerlo, a pararse a distinguir las voces de los ecos y rescatar los ratos de mensajes sólidos en el contenido y bien construidos en la forma, con el punto de emoción imprescindible en este acto de comunicación, con convicción para convencernos. Y nunca sobra recuperar a los clásicos de la palabra usada de este modo, al fin y al cabo, género literario que puede llegar a ser.
Nunca sobra seguir admirándose por el tesoro que como humanos poseemos, el tesoro del lenguaje articulado. Y nunca sobra seguir agradeciendo estar en la tradición de un idioma, el que sea, el nuestro, que tuvo y tiene personas que lo cultivan de modo espléndido, en cualquiera de sus manifestaciones, en forma de novela, de canción, de discurso persuasivo.
Y es que, sí, la campaña electoral me da bastante pereza, más lo aparentemente novedoso, la proliferación de candidatos y candidatas haciendo cosas en la televisión, un poco monitos de feria, pero buscando la palabra trabajada, el discurso que se sale de los eslóganes, que demuestra sabiduría, la preocupación por el idioma, puede no ser tiempo vano. Y si no hallamos esto siempre nos queda, una vez más, refugiarnos en el confortable abrigo de los clásicos.
La Ventana de Asturias – Cadena SER – 4 de diciembre de 2015.