Son esos pequeños acontecimientos, descubrir lauchitas en las páginas de un libro y en los escombros, que ocurren en nuestra vida de insectos, y que no son el descubrimiento de la penicilina ni el enunciado de las leyes de Newton ni la primera vez que unos ojos occidentales contemplan Abu Simbel. Son esos pequeños acontecimientos que solo en nuestras vidas atolondradas importan.

Las lauchitas están en el primer capítulo de Rayuela. Las lauchitas son los ratones, nombrados en argentino. Las lauchitas tienen casi todo que ver con el tiempo delicuescente, que también es el de Rayuela, como chocolate muy fino y pasta de naranja martiniquesa.

Las lauchitas, dentro del tiempo delicuescente, no asustan, pero, sobre todo, no repugnan.

La camisa de Camden derivó en el tiempo delicuescente, en un viaje que ocurrió de Londres a París para terminar en Oviedo. El tiempo delicuescente, con sabor de naranja y de chocolate, habitó una lauchita una noche, que no me causó repulsión, la lauchita, porque el tiempo delicuescente protege. Protege, aunque no se lo crea, con ese sabor a chocolate muy fino o pasta de naranja martiniquesa.