Nos es imposible evitar pensar que una historia de amor es solo el prólogo de su ruptura, que todo lo que hay antes del final son solo preparativos que preparan el odioso momento de la despedida.
Esto lo decimos sin dramas y con una cierta resignación aprendida. Decidimos, pues, celebrar San Valentín con un puñado de canciones de amor y de desamor, para ilustrar los dos grandes capítulos del libro, con todas sus variantes.
La pretensión es ofrecer un concierto donde, en San Valentín, tengan cabida los corazones rotos, las almas solitarias sin quererlo, las mentes desengañadas. Sin excluir a aquellas personas que aman y son amadas, desde luego. Aquí hay lugar para todo el mundo, ya que el amor y el desamor son las dos caras de la misma moneda.
Sin dramas: si hay que llorar, se llora, sin vergüenza alguna. Se nos puede correr la máscara de las pestañas y podemos llenar de mocos la mascarilla de la nariz, pero, prudentes en la pandemia como somos, seguro que llevamos una limpina de repuesto en el bolso. Pero también podemos reír y sonreír mucho.
Porque:
Habrá las más grandes y pequeñas canciones que sobre el amor y, ay, folks, acerca del desamor se han escrito, interpretadas en la atmósfera del café-concierto.
Un puñado de soberbias canciones que comienzan por Robert Johnson, inspiración de esta celebración, y terminan con Ian Curtis, pasando por Muddy Waters, Sam Cooke, Bob Dylan, The Rolling Stones, Leonard Cohen y más.
Sin dramas. Con alegría, cuando toque; con una lágrima, si toca. Con la magnífica Sil Fernández y con el fantástico Álvaro Bárcena. Disfrutemos del amor o suframos por él, siempre en la compañía de las canciones y de su público.
Invocaremos el espíritu de Willie Mae, como la invoca Robert Johnson en su bellísima canción. Este será nuestro particular cruce de caminos para esa noche. Willie Mae, a ti te invocamos: el diablo puede esperar.