Quienes nos pintamos las uñas sabemos que, detrás del fulgor del esmalte, se esconde fácilmente la porquería.
Bajo una bonita uña coloreada, al despintarla, se ilumina la porquería que yace escondida, porque al fin somos poco más que un amasijo físico-químico que produce desechos imprescindibles para la supervivencia. Detrás del brillo, la miseria necesaria.
La alemana Leni Riefenstahl filmó el régimen nazi en producciones paroxísticamente bellas en las que no hace falta destapar para hallar la porquería porque el huevo de la serpiente asoma sin recato, aunque la estética pueda llegar a confundir y a esconder lo que de manera tan evidente se nos muestra.
En Asturias, hermosa tanto y tantas veces, a veces el brillo esconde la basura. En otras ocasiones, la belleza se muestra en el mismo plano que el desecho.
El Niemeyer, rutilante y cosmopolita, las imputaciones, los abusos, el dejar hacer porque los focos ciegan.
El anfiteatro encima del mar, el cabo Vidio y la iglesia de San Martín de Luiña, con su linde para los vaqueiros, Cudillero, sin alcalde, microcosmos perfecto para el desapego de la política.
El empresariado, afectado por la crisis, pero ¿solo?: presuntos fraudes en la liquidación de impuestos, operaciones oscuras de palacios que no han sido en Oviedo, empresas modélicas hace pocos años en manos de capital chino. Trabajadores rellenados con mercurio o abrasados por una descarga eléctrica. Dejados a su suerte. Regulados, expedientados, eufemismos que no son sino sinónimos vergonzantes de explotación.
Desahucios, cláusulas suelo usureras, preferentes, otra vez regulación, expediente, sinónimos vergonzantes…
Los juzgados los pisan quienes hacen un escrache.
La sabiduría, la transmisión de la sabiduría, que nos ilumina la vida entera, el placer de aprender, de escuchar, el placer de la convivencia a los 20 años en la Universidad. Las becas que se eliminan, quienes se quedan sin beca, a quienes se niega el acceso a imaginar la excelencia, a quienes se excluye porque la soberbia depredadora vuelve a poner a la gente en el lugar del que osó salir, imaginando, en un alucinado sueño, que las cosas podrían ser de otra manera.
Porque Avilés y Cudillero y los trabajadores y la convivencia a los 20 años aprendiendo que nos ilumina la vida entera y los vaqueiros que creían que podían pasar el límite… Pensamos, al menos por un instante, que las cosas podrían ser de otra manera. Al menos por un instante, el brillo ocultó la porquería; al menos por un instante, no vimos el huevo de la serpiente, por ocupar el mismo plano que la belleza.
La Ventana de Asturias – Cadena SER – 15 de noviembre de 2013.