Escribo esta columna como portavoz de Podemos Uviéu/Oviedo, pero me van a permitir que lo haga también como vecina que coordinó iniciativas solidarias muy a pie de calle, y como madre. Sí, que escriba también esta columna como madre.
No me leerán aquí hablando de menas, sigla lexicalizada de la expresión menores extranjeros no acompañados; es decir, menores en condiciones de extrema vulnerabilidad y desprotección. No aludiré de ese modo, menas, a esas criaturas, invisibilizándolas, convirtiéndolas en un colectivo amorfo, deshumanizándolas. Las criaturas migrantes sin una persona adulta de referencia son seres humanos fragilísimos, debilísimos, con un desconcierto vital inmenso, y es imperativo político, cívico, ético y moral otorgarles protección, que no es otra cosa que otorgarles amparo, abrigo, refugio: un hogar, alimentos, ropa, medicinas, productos de higiene, educación, juguetes. Y afecto y caricias.