No soy yo de creerme aquello del valle de lágrimas y de que en este mundo terrenal solo estamos para sufrir y que ya vendrán mejores tiempos cuando nos encontremos en el más allá, con o sin huríes. Además, lo de la culpa, la culpa, la grandísima culpa no ha hecho más que complicar nuestra vida y muy en particular nuestras relaciones personales.
Pero, de ahí, del cilicio, pasar a la elevación a los altares de la alegría algo sinsustancia, del culto a la felicidad vacía y de las muestras de júbilo sin más fin que el fin en sí mismas, tampoco.
Se me vienen estas cosas a la cabeza cuando escucho manifestaciones del tipo “¿y qué deseas para tus hijos en el futuro?, que sean felices”, y ahí se quedan. Yo no es que quiera que mi hija sea infeliz, líbreme el cielo, pero mi pretensión para ella va algo más allá de esa apología individualista.
O cuando me entero de que hay un Día Internacional de la Felicidad, de estos días de las Naciones Unidas, promovido por Bután, “un país que reconoce la supremacía de la felicidad nacional por encima de los ingresos nacionales desde principios de los setenta”, tomo esta
frase de la página oficial de la ONU, y, gracias a la revista Mongolia, sé que, por ejemplo, en Bután yo no podría votar, no está legalizado el sufragio de las mujeres. Es una pretensión de felicidad fascinante y muy creíble.
O cuando conozco iniciativas como la de “Happy we are from Oviedo”, que viene de un tío que canta y con esa canción de fondo en muchas ciudades, en la mía, también, sale gente bailando, muerta de risa, felicísima, en distintos emplazamientos emblemáticos, y es algo muy viral, como se dice ahora, y las masas de turistas van a atiborrar Oviedo, en nuestro caso; no va a quedar plaza hotelera con cabeza, ni mesa de restaurante vacía, ni ojo de zafiro sin admirar, tras contraer la infección por el virus del vídeo en cuestión. Cuando conozco iniciativas como esta, patrocinada por el ayuntamiento, y yo no es que quiera estar continuamente en el sentimiento trágico de la vida y la juventud es más guapa que la madurez y no digamos que la vejez y más feliz, digo yo que será por eso la edad que parece tener la mayoría de quienes protagonizan el clip. Y ya sé que tan ciudad es esa como Paraíso, 5 los viernes por la tarde, cuando damos leche y galletas a quien por allí se acerca, y ya sé que habrá quien me considere demagoga, pero, claro, si en el vídeo, además, una de sus guapas y jóvenes protagonistas sale con un enorme osito de peluche, yo, qué quieren que les diga, me quedo con ese rostro explotado por la vida de Paraíso, 5 y con el baile hasta el fin del amor de Leonard Cohen.
La Ventana de Asturias – Cadena SER – 25 de abril de 2014.