La otra noche, estuve en un concierto, un bar estupendo, una copa estupenda, una noche de verano, un piano y algo más. Versiones. No estuvo Nacho Vegas. No salió “La pena o la nada”. Pero un poco sí. Porque estuvo Katy Jurado, con las nubes negras detrás, escondida en las palabras cantadas de Bob Dylan.

“La pena o la nada” no salió, pero un poco sí, porque Nacho Vegas narra ahí el llanto, un río a cada lado de tu rostro sin desmaquillar, de una manera inigualable, y, entonces, si escucho “Knocking on Heavens Door” con la imagen de Katy Jurado, con las nubes negras detrás, la canción de Nacho aparece ya para siempre cosida a la de Dylan.

A veces, la otra noche, llega el momento de huir, de escapar (entre el dolor y la nada elegí el dolor, sigue Vegas, que no salió, pero un poco sí), la otra noche, el otro día, llega el momento de desaparecer, desaparecer como en una ventana para dar un paso adelante, como en un puente para dar un paso adelante, como en un acantilado para dar un paso adelante, un paso adelante en el vacío de la huida, y, de pronto, cuando se empieza a recorrer el camino del vacío, aparece una canción y esa canción se hace sólida y se convierte en alféizar, en barandilla, en roca, el sonido se hace sólido y toma forma y estiro los brazos para dar marcha atrás en el vacío, para detener la huida, y las manos se aferran al alféizar, a la barandilla, a la roca, que se convierten en canción porque antes la canción se hizo sólida y las manos logran aferrarse a la canción que es el alféizar. Y el cuerpo es un pelele unido a unos brazos que acaban en unas manos que se agarran al alféizar que es la expresión sólida de una canción y cuando iba a huir sonó, con una guitarra, “Downtown Train”, que se convirtió en un alféizar y tuve tiempo, en el momento de empezar a caer, para estirar los brazos y que las manos se sujetaran al alféizar para impedir que me fuera, porque, a estas alturas, ya sé que las canciones mandan, con las nubes negras detrás, y son autoritarias, porque dice el diccionario que “alféizar” viene del árabe hispánico *alḥáyza, que viene del árabe clásico ḥā’izah, que, dice el diccionario, significa lo que hacen las canciones, porque ḥā’izah es, dice el diccionario, ‘la que toma posesión’.