La Dirección General de Salud Pública siempre parecía una dirección “pequeña” dentro de una “gran” consejería, con un gran presupuesto, como es la Consejería de Salud (en el nombre que tiene ahora), con el ente que gestiona la atención sanitaria, el enorme Servicio de Salud del Principado de Asturias (el Sespa, como lo conocemos por aquí), adscrito. Al lado de otras direcciones generales de la consejería y, por supuesto, del Sespa, la Dirección General de Salud Pública se dedicaba a planificar y a promover acciones preventivas que incidieran en la salud de la población y a investigar comportamientos y factores de malestar, para perseguir el bienestar de la ciudadanía. Parecía, en fin, una dirección general que podía permitirse no estar sometida a la enorme tensión del día a día de la atención sanitaria.

«Salud pública»: si reparamos solo un poco en la expresión, nos damos cuenta de su enormidad. La salud pública es la salud de toda la población, en la que hay que incidir desde la política obligadamente, con importancia fundamental de lo comunitario y con acciones conocidas, promovidas y transparentes.

(Publicado en Nortes. Puedes leer aquí el texto completo).