No me pidan datos. No los conozco, no los recuerdo, no voy a buscarlos. Qué más da, a estas alturas, cuando Tino Galguera acaba de morir y, con su muerte, también un pedacín de nuestra juventud. De la juventud de quienes ya están calvos. O peinan canas. O nos las teñimos.

No voy a contar nada original: tuvimos juventud y tuvimos bares; en Oviedo, desde donde hablo, como en otros muchos lugares de este mundo enorme.

(Publicado en Nortes. Puedes leer aquí el texto completo).