Mantas, mantas nuevas, mantas usadas, mantas de todos los tamaños, enormes, pequeñas para envolver cuerpecinos de bebés, mantas tejidas a mano, muy sintéticas llenas de electricidad, mantas nuevas de las tiendas, mantas que viven en desvanes, en la parte de arriba de los armarios, en trasteros, mantas que viven en los bares.

Mantas, mantas lisas, de cuadros, de flores, azules, negras, naranjas; azules, negras y naranjas. En bolsas, en la mano, en cajas.

Casas sin calefacción, casas frías, casas húmedas, casas mal aisladas. Frío y tos.

(En los desayunos que cada mañana damos en Oviedo, en el Ca Beleño, antes de ir al colegio y al instituto, desayunamos con familias que no tienen calefacción o que no la pueden poner, que viven en casas con ventanas heridas que dejan entrar el frío y salir el calor, y Asturias no se entendería sin humedad.

Pedimos mantas para poder repartir, para poner, en lo que podemos, confort a esas vidas; y para contar cómo vive la gente, que no puede pagar energía calefactora y que no puede pagar alquileres altos y para eso vive en casas sin mantenimiento alguno).

Pedimos mantas y las mantas salieron, muchas de las tiendas, pero muchas de los armarios, de los desvanes y de los traseros. Mantas que dejaron de hibernar, probablemente hasta morir, para abrigar en invierno, invirtieron el ciclo natural de la hibernación para cumplir su función y dejar de dormir. Mantas que se sacudieron el polvo y las telarañas y aparecieron a decenas por nuestro almacén.

(También necesitamos zapatos, más cuando llega el invierno, porque hace frío y el frío es duro y los pies se mojan. Y los chavales destrozan los playeros y las madres vienen en zapatinos de tela y de verano. Pero ahora quiero hablar de las mantas).

Las mantas se fueron de tres en tres. De tres en tres porque para quitar el frío hacen falta tres mantas por cama. Las mantas de lana de la mano de las mantas sintéticas de la mano de las mantas de cuadros de la mano de las mantas azules de la mano de las mantas marrones con el borde de flores, se fueron de la mano, salieron de las cuevas, dejaron de hibernar, se sacudieron el polvo y las telarañas, para hacer su trabajo, para quitar frío, para dar calor, para enroscarse alrededor de los cuerpos, convertidos en crisálidas.

Asturias24 – 9 de diciembre de 2015.