En estos días algo vacacionales, Oviedo no es Sevilla ni es París, pero recibe visitantes que conocen su catedral, las plazas con terrazas y se asoman a Santa María del Naranco, esos lugares que hacen que digamos, cuando queremos ser cronopios, “la hermosa ciudad, la hermosísima ciudad”, esas palabras que pronunciaríamos en cualquier ciudad en que viviéramos, porque no hay lugar físico que no sea un accidente, y parece que la hermosa ciudad es la mirada de la catedral y del gasómetro y lo es, pero la noche del Viernes Santo se nos convirtió en noche de pasión cuando la pasión nos muerde el brazo, nos clava los dientes en el brazo y la ciudad, con los dientes rompiéndonos la piel, se convirtió en la hermosa ciudad, la hermosísima ciudad en un sótano, una vez más, en un sótano de una sala de conciertos porque The Electric Buffalo presentaron su nuevo disco, Keepin’ it warm, apenas quince días después de la muerte de su bajista, Jandro Espina, cuando la muerte toma la forma de rayo y el rayo toma la forma de parada cardíaca.

The Electric Buffalo defendieron su nuevo disco en la sala La Calleja, de Oviedo, la noche de Viernes Santo y la ciudad se volvió hermosa, más allá de sus plazas y de sus piedras, se volvió hermosa en un sótano con la pasión mordiéndonos en el brazo, con sus dientes que nos dañan y nos rompen la piel, y se volvió hermosa porque Álvaro Bárcena y Wilón de Calle, voces, guitarras, letras, baterías, que con Jandro Espina son The Electric Buffalo, decidieron llorar, abrazarse, levantarse y seguir adelante con el concierto y la ciudad se volvió hermosa porque contaron, para defender el disco, con el talento y los dedos en las cuerdas del bajo de Sil Fernández, Antón Ceballos, David Vázquez, Rodrigo Sturm, Sergio Tutu, Manfred y Javi Méndez. Y el talento y los dedos en las cuerdas del banjo de Ángel Ruiz.

La ciudad se volvió hermosísima la noche del Viernes Santo, con la pasión hiriéndonos en el brazo, y viviendo en un sótano, otra vez más, una noche de rock and roll espléndida, no hay más que leer la enumeración de músicos, de talento, de artesanía, de arte, de entrega, de amistad y de botas sucias y gastadas. E hicimos haciendo hermosa la ciudad un recorrido por los dos discos de The Electric Buffalo, en la mejor tradición del rock and roll mamada del otro lado del Atlántico, y por ello hubo también momento para escuchar las palabras de Neil Young, en medio de ese recorrido de canciones.

La sala se llenó, se agotaron las entradas, repetimos el rito en la noche de Viernes Santo, con la pasión mordiéndonos con los dientes como cuchillas para rompernos la piel, de escuchar rock and roll en un sótano, porque alguien decide en un local abrir una sala de conciertos, y no un almacén o una floristería, y la ciudad se convirtió en hermosísima en ese espacio apretado y sudoroso y las gotas de sudor se desprendieron, en otro rito repetido, porque no hay nada más parecido a hacer el amor que el rock and roll, se desprendieron de la frente y se derramaron, se derramaron como se derrama una gota de sudor que deja su cobijo en una frente para caer en la frente que está debajo.

Asturias24 – 27 de marzo de 2016.