Mañana, primer día de octubre, en Oviedo retomamos una iniciativa que ya va por su tercer curso y es que un grupo de gente nos juntamos cada mañana, siempre que haya colegio e instituto, para desayunar en compañía.

Sí, también es que un grupo de gente adquiere el compromiso con su ciudad de organizar desayunos para los chicos y las chicas, antes de ir a sus lugares de estudio, y todo lo que eso implica de conseguir donativos, ordenarlos, abrir cada mañana las puertas del Ca Beleño, la casi treintañera cervecería ovetense que cede su espacio acogedor para romper el ayuno matinal, y un sinfín de tareas derivadas de estas anteriores, y así echarnos una mano en estos tiempos ladrones, pero a la vez tan solidarios, sin olvidar que en ocasiones son terriblemente xenófobos.

Les aseguro que nos encontramos con hambre, en ocasiones; o, para no tener hambre, con falta de calzado; nos encontramos con muchas dificultades para pagar algunos remedios; nos encontramos con que si se estropea la nevera no hay con qué reponerla; o si se avería la furgoneta no hay con qué repararla y las posibilidades de encontrar un trabajo, siquiera un chollo, se acaban; o si se acaba el depósito del coche no hay cómo llenarlo.

Nos encontramos con hipotecas sin pagar, con alquileres sin pagar, con cuotas de la comunidad sin pagar, con equilibrios para evitar que el suministro eléctrico se corte, con viviendas sin calefacción en todo el invierno, con cocinas que se encienden lo justo, no, desde luego, para cocinar unos garbanzos.

Nos encontramos con habitaciones subarrendadas en viviendas en las que no hay calefacción, pero da igual si la hay, porque hay humedad y las ventanas no están bien selladas y entra y sale el frío por donde le viene en gana, viviendas decrépitas cuyas propiedades se niegan a mantener.

Nos encontramos con familias que tienen que mudarse a casas vacías y hay que sacar muebles de debajo de las piedras.

Nos encontramos con soledades infinitas.

Somos un grupo de personas sin ningún vínculo formal, que se organiza para redistribuir riqueza, para aprovechar comida que, de otro modo, iría a la basura, para dar un paso más allá y no ser beneficencia, para desayunar escuchando a Johnny Cash y si a una criatura le gusta Hannah Montana le ponemos a la Miley Cyrus más brillantemente country.

A lo mejor, escuchen, dentro de unos años a esa nena le gusta Dolly Parton; a lo mejor, conseguimos que en el cole no le vaya mal; a lo mejor, le enseñamos un modelo de relación ciudadana alejada de la insolidaridad y del paternalismo.

A lo mejor, escuchen, mientras usted y yo discutimos si estamos haciendo el caldo gordo al sistema o si de esto deben ocuparse los poderes públicos, mientras usted y yo debatimos sobre esto tomándonos un ribera de 2,50 la copa, a lo mejor, esa nena va al cole con la barriga llena y su madre, a su trabajo precario y mal pagado, en el mejor de los casos, con un rato de charla y un café.

Asturias24 – 30 de septiembre de 2015.