Hoy, lo saben, es 25 de noviembre, declarado en 1999 por la Asamblea General de Naciones Unidas Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Naciones Unidas no hizo otra cosa que sancionar en una resolución el recuerdo y la reivindicación que, desde el año 1981, el movimiento feminista hace ese día, en el que en 1960, en la República Dominicana, y por orden del presidente Rafael Trujillo, las hermanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, tres activistas políticas de años, que ya habían probado el sabor de la cárcel, fueron asesinadas por la policía secreta del régimen. También fue asesinado el conductor del coche en el que viajaban, interceptado. Las tres hermanas, junto con su conductor, fueron ahorcadas, apaleadas y arrojadas al fondo de un barranco.

Hoy, también, se celebra Santa Catalina de Alejandría, patrona de la Universidad de Oviedo, pintada, entre otros, por Caravaggio, en espléndido lienzo de la colección del Museo Thyssen-Bornemisza.

Catalina de Alejandría, virgen y mártir, además de patrona de nuestra Universidad, es patrona, dice la Iglesia católica, de las solteras y de los estudiantes.

Dicen las piadosas fuentes que Catalina fue niña estudiosa y joven sabia, de una ciudad ilustrada y culta, y que vivió en los siglos III y IV. Tuvo una revelación en un sueño y se convirtió al cristianismo, hasta que llegó a debate con el emperador, que, al parecer, quedó fascinado no solo por su sabiduría, sino también, como casi siempre en los relatos, por la belleza de la muchacha, que convirtió al cristianismo a la esposa del monarca y a los eruditos mandados por este para debatir con ella.

Dice también la tradición que el emperador quiso tener a Catalina y ella no quiso. Dice el relato que Minerva Mirabal era bella, como Catalina, y que el presidente Trujillo quiso tenerla y ella no quiso.

Catalina fue azotada y una rueda con cuchillas, ideada para torturarla, estalló. El emperador, finalmente, cansado de un desplante tras otro, decidió degollarla, como el presidente Trujillo ahorcar a Minerva y a sus hermanas.

La bella y sabia Minerva, como la bella y sabia Catalina, queridas de la peor manera en que se puede querer por hombres poderosos; Minerva y Catalina, en el relato histórico o legendario, sujetos políticos, militantes, reivindicadoras, al fin, apaleadas y asesinadas por sicarios; Minerva y Catalina, que pagaron con el precio más alto el tributo por ser sabias, independientes, luchadoras. Y por negarse a ser del hombre poderoso al que no querían.

Asturias24 – 25 de noviembre de 2015.